Analizar, imaginar, planificar y ejecutar

Nuevas formas de entender el sector cultural están siendo necesarias. La pura y simple oferta de espectáculos o servicios para programaciones probablemente sea substituida inevitablemente por una cultura colaborativa entre los distintos agentes implicados en el hecho cultural.

  1. El hecho es que con la crisis, la progresiva reducción de recursos públicos está afectando a los creadores de formas inimaginables hace 15 años. Sectores tan estratégicos para la cultura del país como el de la creación no comercial: el teatro, la danza, el jazz, las músicas del mundo, la canción de autor, inclusive el rock, el pop o el flamenco, están en riesgo de desaparecer o de pasar a un estado de “eterno amateurismo”si no se invierte la tendencia a que las programaciones sean actos gratuitos, desenlazados entre sí y/o sólo en ocasión de festividades. La reducción de presupuestos públicos, sólo deja a la cultura de este país una solución: trabajar en la creación de públicos, que puedan mantener, como en los países de nuestro entorno, la actividad creativa en cierta buena salud económica. Si en la media de los países de Europa Occidental, por cada 100 personas que prefieren gastarse 100 euros en una entrada de un partido de fútbol de máxima rivalidad hay otras 100 que se gastarán 15 euros en la entrada de un teatro o auditorio, en España esa relación podría ser del 10% (seamos optimistas). Si los cada vez menores recursos públicos que se invierten en la programación de espectáculos no se gestionan de forma que paralelamente creen hábitos de consumo cultural, la creación española puede quedar limitada en pocos años a los espectáculos comerciales de gran consumo, perdiéndose un gran capital humano y creativo, un sinfín de puestos de trabajo y gran parte de una aportación al PIB, que en el campo de los espectáculos escénicos se cifraba en 2009 en el 1,5%.

  2. Necesitamos crear programaciones estables, hechas con criterio, bien explicadas y seductoras, buscando hacerlas atractivas también a públicos no especializados mediante estrategias de comunicación y fidelización del público, diseñadas para obtener resultados en plazos determinados y revisadas según los resultados obtenidos hasta llegar al punto óptimo. En resumen: atraer a nuevos públicos y consolidar los existentes, mediante una gestión de las programaciones de espectáculos que combine criterio en la programación y una adecuada comunicación que comprenda a parte de las formas habituales (cartelería, anuncios y redes sociales), acciones nuevas que incidan en el público allá donde se encuentra este..

  3. Hay experiencias de buenas formas de gestión en muchos lugares del estado. La sorpresa llega cuando -en una reunión de programadores españoles- constatamos que en ciudades similares, con programaciones similares, la ocupación media del teatro municipal es muy distinta ( del 30% en el peor de los casos al 78% en el mejor, según se constató en la: “X edición de los Cursos de Verano de la Red de Teatros y Auditorios de España”, Almagro,10 y 11 de junio de 2015). Eso lo saben los managers de los artistas o compañías: hay lugares en los que aceptarán ir a taquilla y en otros no. El porqué de esa diferencia es la pregunta necesaria. Las respuestas son muchas y probablemente acumulativas. No vale con decir que es sólo por culpa del Artista o la Compañía, pues sus resultados de taquilla cambian según el lugar. Tampoco será sólo culpa de las características del espacio o de los precios. Probablemente la respuesta será la suma de los factores anteriormente citados ( en medidas diferentes según el caso), añadiéndole un factor externo de “capacidad de seducción de la programación”.
  1. Este factor, la “capacidad de seducción de la programación” incluye múltiples variantes, pero se resume en que a parte de que la programación sea a priori atractiva al público de la ciudad en que se realiza, también lo sea el espacio y la forma en que se realiza y sobretodo algo muy importante que tendemos a olvidar: el grado de satisfacción posterior de los asistentes. Todo esto conformará una imagen del programa que será definitoria en futuras ediciones del evento. A modo de ejemplo: una representación de “Pedro y el Lobo” de Prokofiev en una ciudad que no tenga una gran afición a la música clásica puede ser seguramente un fracaso. Sin embargo imaginemos que esta representación se realiza en el marco idílico de unas fuentes iluminadas al ritmo de la música, y con la narración hecha por un/a famoso/a actor/triz de cine o de series de televisión… eso podría ser un éxito, generando a públicos no especializados una atracción previa y -caso de darse también las adecuadas circunstancias de confort y de servicios durante la representación- una sensación haber asistido a una experiencia única. Esa satisfacción redundaría seguro, en más afluencia de público a posteriores representaciones de música clásica en ese espacio.
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